El mendigo
En un lugar por donde siempre pasaban muchas personas, un mendigo se sentaba en la acera y a su lado colocaba una placa que decía:
“Miren como soy feliz! Yo soy un hombre prospero, yo sé que soy hermoso, soy muy importante, tengo una hermosa casa, vivo confortablemente, soy un éxito, estoy sano y de buen humor.”
Algunos transeúntes lo miraban intrigados, otros pensaban que estaba loco y otros incluso le daban dinero.
Todos los días, antes de acostarse, él contaba el dinero y veía que a cada día la cantidad era mayor.
Un buen día, un ejecutivo importante y audaz, que ya lo estaba observando desde hace algún tiempo, se le acercó y le dijo: – ¡Eres muy creativo! …
¿Le gustaría colaborar en una campaña de mi compañía?
- Claro que sí…
¡Sólo tengo a ganar! – Respondió el mendigo.
Después de un buen baño y ropas nuevas, fue llevado a la compañía…
A partir de entonces su vida fue una secuencia de éxitos y a cierto tiempo se convirtió en uno de los socios mayoritarios.
En una conferencia de prensa, explicó cómo había logrado salir de la mendicidad para tan alta posición…
Él dijo: – ‘Bueno, hubo un tiempo en que yo solía sentarme en la acera con un cartel a mi lado que decía:
“Soy un nada en este mundo!
Nadie me ayuda!
No tengo ningún lugar para vivir!
Soy un hombre fracasado y maltratado por la vida!
No logro ningún trabajo, ni al menos para ganar unas míseras monedas!
Apenas puedo sobrevivir!”
Las cosas fueron de mal en peor cuando, una noche, me encontré con un libro que, en uno de sus pasajes decía: “Todo lo que hables sobre ti mismo, se realizará. Por peor que esté tu vida, di que todo está bien.
Por más que no estés conforme con tu apariencia, afírmate a ti mismo que eres hermoso.
No importa cuán pobre seas, di a ti mismo y a los demás que eres próspero.”
Me conmovió profundamente, y, como no tenía nada que perder, decidí cambiar las frases de mi cartel…
Y desde aquel día todo comenzó a cambiar, la vida me ha traído a la persona correcta para todo lo que necesitaba, hasta que llegué adonde estoy hoy…
Sólo tuve que entender el poder de las palabras…’
Dios siempre sabe lo que decimos, escribimos o pensamos sobre nosotros y Él hará con que esto finalmente se manifieste en nuestras vidas como una realidad, si somos perseverantes y constantes, y confiamos en Él…
Al afirmar que todo va mal, que nuestra apariencia es horrible que nuestras posesiones son insignificantes, la tendencia es que las cosas se pongan aún peores, porque no estamos confiando en la Palabra de Dios. “Encomienda al Señor tu camino, Y confía en Él; y él hará.”(Salmos 37:5)
Él hace materializarse en nuestras vidas todas nuestras creencias.
Una periodista, irónicamente, preguntó al ex mendigo: – ¿Está diciendo que algunas palabras escritas en un simple cartel cambiaron su vida?
Y el hombre, lleno de buen humor: – Por supuesto que no, mi ingenua amiga! …
Primero yo tuve que CREER en ellas! …
Category: Motivación

me parece que está muy bien porque de verdad las palabras que uno usa son la mejor respuesta para mejorar la actitud que uno tiene en la vida. Apesar de todo el mal, el creer en uno mismo es lo mejor que le puede pasar, creerse el mejor con la ayuda de Dios y su hijo Jesucristo